Hoy en día, muchas veces el móvil es el primer y el último objeto que vemos. Ese gesto aparentemente inocuo puede afectar el cuerpo, el ritmo del sueño e incluso nuestra autoimagen. Al liberar algunos minutos — o horas — de tiempo de pantalla, creamos espacio para volver a sentir nuestra respiración, la firmeza de los pies en el suelo o incluso la ligereza de escuchar el cuerpo en movimiento.
Vivimos conectados y, ya sea para trabajar, estudiar, comunicarnos o incluso relajarnos, recurrimos a las pantallas. La tecnología es una herramienta extraordinaria: acerca a las personas, permite aprender, inspirar y compartir. Pero, cuando dejamos que nos domine, se pierde el equilibrio. La exposición excesiva — y a menudo inconsciente — puede agotar la energía, perjudicar el sueño, generar comparaciones poco realistas e influir en elecciones que no benefician nuestro cuerpo ni nuestros objetivos.
Uno de los riesgos es seguir tendencias de entrenamiento o nutrición divulgadas por personas sin formación o comprensión de lo que es seguro, eficaz o adaptado a la realidad de cada individuo. ¿El resultado? Ejercicios mal ejecutados, planes alimentarios inadecuados y, a veces, más frustración que progreso. Por eso no solo es importante filtrar lo que consumimos digitalmente, sino también evaluar a quién seguimos y cómo esa información nos impacta.
La nutrición no se limita a lo que ponemos en el plato: también se construye en las elecciones diarias sobre la información, ambientes y personas que consumimos. Lo que vemos, oímos y leemos alimenta (o desgasta) nuestra mente, influye en la motivación y moldea nuestro comportamiento.
El impacto del tiempo de pantalla en la salud
La ciencia confirma: el uso excesivo de dispositivos estimula constantemente el sistema nervioso simpático, activando el modo de "lucha o huida" lo que aumenta el cortisol, fragmenta el sueño y promueve la fatiga. Con este estado de tensión, es común que aparezca mayor deseo por alimentos calóricos y menos motivación para entrenar.
Además, la exposición prolongada a la luz azul, emitida por las pantallas en la noche, retrasa la liberación de melatonina, la hormona que induce el sueño. Esto no solo dificulta conciliar el sueño, sino que también compromete la profundidad y calidad del descanso. La falta de sueño reparador perjudica la recuperación muscular, altera el humor e influye directamente en las hormonas reguladoras del apetito, como la grelina y la leptina, aumentando el hambre y reduciendo la sensación de saciedad — lo que favorece elecciones alimentarias menos saludables.
También está el impacto en el momento de las comidas - comer mientras vemos televisión o usamos el móvil - que reduce la atención a lo que está en el plato. Sin darnos cuenta, masticamos menos, comemos más rápido e ingerimos más calorías de las necesarias.
Con menos descanso y más estrés, el cuerpo tiende a ahorrar energía y evitar el esfuerzo físico. Con el tiempo, se instala un ciclo difícil de romper: menos movimiento genera menos energía, y menos energía dificulta cada vez más el movimiento.
Qué sucede cuando nos desconectamos
Reducir, aunque no eliminar, el tiempo de pantalla puede traer beneficios que se sienten en pocos días:
• Sueño más profundo y reparador.
• Más energía y disposición para entrenar.
• Mayor conciencia en las elecciones alimentarias.
• Relaciones humanas con más calidad y presencia.
• Reducción del estrés y la ansiedad.
Estudios recientes muestran que incluso pequeñas reducciones — como una hora menos de pantalla al día — pueden tener un impacto positivo en el ánimo, el enfoque y el descanso, especialmente cuando se combinan con más movimiento físico.
Estrategias simples para empezar
Desconectar no tiene que ser radical. Puede comenzar con pasos pequeños:
• Establece zonas libres de móvil: como la mesa de las comidas y el dormitorio.
• Prueba a cambiar 30 minutos de scroll por una caminata, algunos estiramientos o una lectura ligera: utiliza ese tiempo para sentir el cuerpo, percibir la respiración y estar más consciente del momento.
• Por la noche, crea un ritual de transición para el sueño: apagar pantallas, bajar la luz, estirar o hacer respiración profunda. Estas prácticas envían señales claras al cuerpo de que es hora de desacelerar.
• Y, durante las comidas, permítete comer sin distracciones digitales: además de mejorar la digestión, ayuda a reconocer señales de saciedad y a saborear realmente los alimentos.
Más que un lujo, un cuidado esencial
Desconectar no significa rechazar la tecnología, sino retomar el control sobre ella. Es un acto de autocuidado que devuelve energía, enfoque y placer por las pequeñas cosas — desde un entrenamiento más presente hasta una comida saboreada con calma.
“Desconectar no es un lujo; es una elección consciente para vivir con más salud, equilibrio y propósito.”
📌 Sobre la autora
Rita Marques es nutricionista y apasionada por ayudar a las personas a encontrar equilibrio entre cuerpo, mente y alimentación. Con experiencia práctica en el mundo del deporte y un enfoque centrado en la individualidad, escribe para BOOMFIT sobre temas de nutrición funcional, rendimiento y bienestar.


