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"Obesidad: Un peso para la Salud y la Economía", por Rita Marques

"Obesidade: Um peso na Saúde e na Economia", por Rita Marques

La obesidad es una enfermedad y uno de los mayores desafíos de salud pública en la actualidad, y los números en Portugal reflejan esta realidad de forma preocupante.

Según los datos más recientes, el 28,7% de los adultos portugueses vive con obesidad, y el 67,6% de la población presenta exceso de peso. Y estos números no son solo estadísticas, son un reflejo del impacto real en la calidad de vida y en la salud de nuestra sociedad.

Nuestro estilo de vida, cada vez más sedentario y rodeado de la accesibilidad a alimentos inadecuados, ha contribuido en gran medida a este escenario. Si bien una alimentación equilibrada y la práctica de actividad física son fundamentales para tener mejor salud, sabemos que la obesidad no puede reducirse a una simple cuestión de elecciones individuales. Existen factores genéticos y ambientales que condicionan el riesgo de cada persona, haciendo de este un problema complejo que exige soluciones estructurales y eficaces.

El impacto económico y la necesidad de acción

Más allá de los impactos en la salud, la obesidad también representa un enorme coste económico. Según el informe de la OCDE (2019), la obesidad representa el 10% del gasto total en salud en Portugal, lo que se traduce en un costo anual de 207 euros per cápita y el 3% del PIB nacional. Además, se estima que cada euro invertido en prevención puede generar un retorno de hasta seis euros, reduciendo costes futuros y mejorando la calidad de vida de la población. Tenemos así la oportunidad de cambiar, prevenir, ahorrar y mucho por ganar.

Fue con esta visión que la DGS lanzó recientemente la "Hoja de Ruta para Acelerar la Prevención y Control de la Obesidad en Portugal". Este plan presenta un conjunto de medidas estratégicas para los próximos tres años, con especial enfoque en los primeros 1000 días de vida – un período crítico para el desarrollo de hábitos alimentarios saludables.

Entre las iniciativas previstas están la promoción de la lactancia materna, la reformulación de políticas de alimentación escolar y la creación de criterios más estrictos para la oferta alimentaria en instituciones públicas. Estas acciones buscan actuar antes de que el problema se instale, evitando que los números de obesidad sigan creciendo.

Políticas públicas e impacto real

Un ejemplo práctico en Portugal fue la implementación del impuesto sobre bebidas azucaradas en 2017, que llevó a una reducción del 11% en el contenido calórico medio de las bebidas, demostrando ser eficaz en la reducción del consumo de estas bebidas y en incentivar a la industria a reformular sus productos. Otro ejemplo es la insistencia de la Fundación Portuguesa de Cardiología en aumentar los impuestos para alimentos con alto contenido de sal, dado el impacto negativo del consumo excesivo de esta en la hipertensión y en las enfermedades cardiovasculares.

Pero claro, el desafío va mucho más allá de estas medidas fiscales; es esencial también reglamentar la publicidad dirigida a niños, mejorar el acceso a alimentos frescos, garantizar que las opciones nutritivas sean accesibles para toda la población (independientemente de su condición socioeconómica) y asegurar un acceso equitativo a soluciones de tratamiento y prevención. Actualmente, existe una evidente desigualdad social: quienes tienen recursos financieros pueden acceder a productos saludables, tratamientos y medicamentos específicos, mientras que otros carecen de alternativas accesibles. Un acceso más justo y universal podría tener un impacto significativo en la reducción de la prevalencia de la obesidad en Portugal.

La importancia de la alfabetización alimentaria y la prevención

La infancia es un período crucial para la formación de hábitos saludables. Los niños que crecen en ambientes donde se incentiva el consumo de alimentos frescos y variados y donde la práctica de actividad física es parte de la rutina, tienen muchas más probabilidades de mantener un peso saludable a lo largo de la vida. Por eso, la educación alimentaria debe estar presente desde la infancia y la sensibilización debe ser transversal, comenzando en casa, en las escuelas, programas educativos, lugares de trabajo e incluso en los medios de comunicación.

Los datos de 2022 muestran que la prevalencia del sobrepeso infantil en Portugal fue del 31,9% y el 13,5% de los niños de 6 a 8 años vivían con obesidad. Esta es una realidad alarmante, ya que muchos de estos niños crecerán con un aumento del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión y otras enfermedades crónicas.

La narrativa pasada de que la obesidad es solo una cuestión de falta de fuerza de voluntad debe quedar atrás. No todo es cuestión de "enfoque, fuerza y fe", la predisposición genética puede representar hasta el 70% del riesgo de obesidad, haciendo esencial que las soluciones sean pensadas de forma integrada y basadas en la ciencia.

El papel de cada uno de nosotros

Si hay algo en lo que podemos reflexionar con este tema es que no podemos cruzarnos de brazos. Cada uno de nosotros puede tener un papel activo en la promoción de la salud. Pequeños cambios en el día a día para nosotros y para quienes nos rodean – como privilegiar alimentos menos procesados, incluir más frutas y verduras en la alimentación, beber más agua, reducir el consumo de productos salados/fritos/azucarados y practicar ejercicio físico regularmente, hacen toda la diferencia a largo plazo. Más que dietas restrictivas o soluciones milagrosas, el camino pasa por la consistencia y la adopción de hábitos sostenibles.

La prevención y el combate a la obesidad es responsabilidad de toda la sociedad. Necesitamos políticas públicas eficaces, una mayor regulación de la industria alimentaria y un compromiso serio con la educación para la salud. Si queremos un futuro más saludable, debemos actuar ahora, asegurando que todas las personas tengan acceso a información clara, oportunidades para tomar mejores decisiones y apoyo para mantener un estilo de vida equilibrado.

Autora: Rita Marques:

"Mi nombre es Rita Marques, además de ser una mujer perfectamente imperfecta, soy una nutricionista apasionada por ayudar a las personas a encontrar el equilibrio entre cuerpo y mente. Mi pasión nació del deseo de comprender cómo los alimentos impactan el cuerpo, la mente y las emociones, influyendo directamente en nuestro bienestar. Desde muy joven, mi vida estuvo marcada por la práctica deportiva y una relación exigente con el cuerpo y la alimentación, lo que despertó en mí el deseo de explorar la nutrición de forma más profunda. Ese interés me llevó a entender que la nutrición va mucho más allá de números o patrones estéticos, es una herramienta importantísima para cuidarnos integralmente.

Hoy, en mi labor profesional, me dedico a ayudar a las personas a construir una relación más saludable con la alimentación y consigo mismas, respetando su individualidad y promoviendo el equilibrio".

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